EL PECADO DEL HOMBRE Y LA MISERICORDIA DE DIOS
¿QUE ES EL
PECADO?
Los seres
humanos permanentemente debemos elegir entre el bien y el mal, y para poder
decidir qué es lo uno o lo otro, contamos con una voz que se llama la
conciencia, la cual nos dice que un acto es malo y no debe hacerse (el mal)
o, al contrario, que un acto es bueno y debe hacerse (el bien). Por esto lo
hombres somos capaces de escoger entre el bien y el mal. De igual modo, cuando
hemos obrado bien, tenemos una alegría y cuando hemos obrado mal tenemos
una pena que se llama remordimiento.
Cuando, por
ejemplo, dices una mentira, obras el mal, y es lo que se llama un pecado
o una falta. Pero hay faltas que no son pecados, como cuando te equivocas en la
solución de un problema o no estás concentrado. El pecado se da cuando la falta
es voluntaria.
Es importante
tener en cuenta que es más fácil hacer el mal que el bien. Dicho de otra forma,
hacer el bien requiere esfuerzo de parte de nosotros. Pero cuando nos
esforzamos por hacer el bien, igualmente es agradable la satisfacción. Al contrario,
hacer el mal resulta fácil, por esto podemos decir que el pecado es el fruto de
la pereza. Basta con dejarse llevar, con caer. Este atractivo que se
experimenta por algo que es malo se llama tentación. Cuando cedemos a una
tentación, o sea, cometemos una mala acción, se habla de caída, pues el pecado
se parece a una caída.
La conciencia
que nos habla sin cesar desde el fondo del corazón para decirnos dónde está el
bien y dónde está el mal, no es otra cosa que la voz de Dios en
nosotros. El pecado es una desobediencia a lo que Dios quiere de nosotros. En
consecuencia, cuando pecamos, no nos lastimamos solamente a nosotros o a los
demás, sino que también lastimamos a Dios. Por este motivo no es suficiente
pedir perdón a aquellas personas que podamos haber ofendido; además hay que
pedir perdón a Dios.
EL PECADO
ES PERSONAL
El pecado es
un acto voluntario que surge del mal uso de la libertad de la persona. Aunque
es cierto que esta persona puede estar condicionada por circunstancias internas
(tendencias o vicios) o externas (costumbres, ambiente), que en dado momento
pueden atenuar su libertad y por tanto su responsabilidad. Sin embargo, no
podemos ignorar que el hombre es libre, pues, de otro modo, esto supondría la
negación de su dignidad y de su voluntad, y, por tanto, de su responsabilidad
por los pecados que llegara a cometer. Por eso en cada hombre no existe nada
tan personal como el mérito de la virtud o la responsabilidad de la culpa.
El pecado no
afecta sólo a la persona que lo comete, sino que su efecto puede ser social.
Con esto queremos decir que, en virtud de la solidaridad humana, el pecado
repercute en los demás. Así, si en un salón iluminado con un bombillo una
persona lo rompe, tenemos que afirmar que aunque la falta la cometió esta sola
persona, perjudicó a todo el grupo.
UNA FORMA
DE PENSAR PELIGROSA
Con
frecuencia, en épocas de decadencia de la sociedad, se impone una concepción
demasiado materialista de la vida, que oscurece la voz de la conciencia, de
manera que se llega a afirmar, incluso, que el pecado y el mal no existen. Es
una especie de adormilamiento, de deformación de la conciencia debido a la cual
se oscurece también el sentido del pecado.
Pero, ¿a qué
se debe esta crisis de la conciencia, del sentido del pecado y, en consecuencia,
del sentido de Dios? Para responder estas preguntas la Iglesia nos habla del
secularismo, un movimiento de ideas y costumbres que no tiene en cuenta a Dios
y que se concentra solamente en el culto del hacer y del producir, lo mismo que
en el del consumo y el placer, sin preocuparse por la parte espiritual del
hombre. La consecuencia de esta forma de pensar y de obrar, consiste en ver
todo "tan natural" que el hombre termina por no reconocer jamás una
falta. Es decir, se limita tanto la responsabilidad del hombre que termina por
no reconocerle su libertad y, por lo tanto, la posibilidad de pecar.
Por este
motivo es que se habla de la caída de los valores morales, íntimamente
relacionada con la pérdida del sentido del pecado, que no es otra cosa que una
forma de negar a Dios. Debemos concluir que pecar no es sólo romper nuestras
relaciones con Dios, sino vivir como si él no existiera. Por esto, restablecer
el sentido del pecado es la primera manera de afrontar la crisis espiritual que
nos afecta.
LA
MISERICORDIA DE DIOS
Sin embargo, a
pesar de esta pérdida del sentido del pecado, los hombres de hoy tienen
necesidad de volver a escuchar la advertencia de San Juan: Si dijéramos que
no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no
estaría en nosotros (1 Jn 1, 8). Además, no podemos olvidar nunca que la
misericordia de Dios es infinita; o, como diría Juan Pablo II, que el amor
de Dios es más poderoso que el pecado y más fuerte que la muerte. Por eso
cuando nos damos cuenta de que el amor que Dios nos tiene no se detiene ante
nuestros pecados o ante nuestro mismo olvido del pecado y por tanto de El, sino
que, por el contrario, se hace más solícito y generoso, no tenemos más remedio
que reconocer que ante nosotros se abre el camino de la misericordia de Dios
que nos invita a la reconciliación.
San Pablo nos
dice: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20). Pero
para que la misericordia de Dios se haga presente en nuestra vida, debemos
reconocer nuestros pecados, del mismo modo que un médico descubre la herida
antes de curarla. Así Dios, mediante su palabra y su espíritu proyecta su poder
y su misericordia sobre nosotros que somos sus hijos. Para terminar, escuchemos
las palabras de San Agustín: Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.
ACTIVIDADES
1. Responde:
1.1. ¿Por qué
afirmamos que el pecado es responsabilidad del que lo comete?
1.2. ¿El
pecado afecta sólo a quien lo comete? ¿Por qué?
1.3. Algunas
personas afirman que el pecado no existe, que es una invención de los
sacerdotes. ¿Qué dice el cristianismo al respecto?
1.4. ¿Dios
olvida a quien lo olvida? ¿Por qué?
2. Trabaja con la Biblia:
2.1. Busca en
la Biblia dos pasajes del evangelio en los que se mencione el pecado.
2.2. Después
de leerlos, escribe la idea de pecado que hayas entendido de esta lectura.
3. Investiga:
3.1. Te invitamos a
leer los números 386 y 387 del Catecismo de la Iglesia Católica, a fin
de que profundices un poco en el concepto de pecado.
3.2. Escribe
en una frase la conclusión de tu lectura.
3.3. Algunas
características del pecado
4. Observa el ejemplo y completa lo que se
refiere a los demás pecados capitales y a tu compromiso como hijo de Dios.
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PECADO
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DEFINICIÓN
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VIRTUD QUE SE LE OPONE
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COMPROMISO
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Soberbia
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Pecado que
consiste en sentirse superior a los demás.
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Saludar a
todas las personas aún a las que no me caen bien.
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Avaricia
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Ira
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Gula
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Envidia
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Pereza
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Humildad
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5. Te
invitamos a reflexionar sobre los siguientes aspectos:
5.1. Con
frecuencia se oye decir: "perdono pero no olvido". ¿Te parece una
forma cristiana de perdonar o más bien una forma refinada de resentimiento y de
venganza? Razona tu respuesta.
5.2. Es un
hecho que nos cuesta perdonar a los demás porque nos cuesta perdonarnos a
nosotros mismos. ¿Eres de los que no se perdonan sus propios errores y
fracasos y por eso se vuelven amargados y agresivos contra los demás o, por el
contrario, sabes aceptar tus equivocaciones y fracasos con serenidad y
riéndote un poco de ti mismo?
5.3. ¿Qué sentimientos y qué exigencias debería provocar
en ti el hecho de que Dios perdona y olvida tus pecados?
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