viernes, 15 de mayo de 2015

EL PECADO, SEGUNDA PARTE

EL PECADO DEL HOMBRE Y LA MISERICORDIA DE DIOS
¿QUE ES EL PECADO?
Los seres humanos permanentemente debemos elegir entre el bien y el mal, y para poder decidir qué es lo uno o lo otro, contamos con una voz que se llama la conciencia, la cual nos dice que un acto es malo y no debe hacerse (el mal) o, al contrario, que un acto es bueno y debe hacerse (el bien). Por esto lo hombres somos capa­ces de escoger entre el bien y el mal. De igual modo, cuando hemos obrado bien, tenemos una alegría y cuando hemos obrado mal tenemos una pena que se llama remordimiento.
Cuando, por ejemplo, dices una mentira, obras el mal, y es lo que se llama un pecado o una falta. Pero hay faltas que no son pecados, como cuando te equivocas en la solución de un problema o no estás concentrado. El pecado se da cuando la falta es voluntaria.
Es importante tener en cuenta que es más fácil hacer el mal que el bien. Dicho de otra forma, hacer el bien requiere esfuerzo de parte de nosotros. Pero cuando nos esforzamos por hacer el bien, igualmente es agradable la satisfacción. Al contrario, hacer el mal resulta fácil, por esto podemos decir que el pecado es el fruto de la pereza. Basta con dejarse llevar, con caer. Este atractivo que se experimenta por algo que es malo se llama tentación. Cuando cedemos a una tentación, o sea, cometemos una mala acción, se habla de caída, pues el pecado se parece a una caída.
La conciencia que nos habla sin cesar desde el fondo del corazón para decirnos dónde está el bien y dónde está el mal, no es otra cosa que la voz de Dios en nosotros. El pecado es una desobe­diencia a lo que Dios quiere de nosotros. En consecuencia, cuan­do pecamos, no nos lastimamos solamente a nosotros o a los demás, sino que también lastimamos a Dios. Por este motivo no es suficiente pedir perdón a aquellas personas que podamos haber ofendido; además hay que pedir perdón a Dios.

EL PECADO ES PERSONAL
El pecado es un acto voluntario que surge del mal uso de la liber­tad de la persona. Aunque es cierto que esta persona puede estar condicionada por circunstancias internas (tendencias o vicios) o externas (costumbres, ambiente), que en dado momento pueden atenuar su libertad y por tanto su responsabilidad. Sin embargo, no podemos ignorar que el hombre es libre, pues, de otro modo, esto supondría la negación de su dignidad y de su voluntad, y, por tanto, de su responsabilidad por los pecados que llegara a come­ter. Por eso en cada hombre no existe nada tan personal como el mérito de la virtud o la responsabilidad de la culpa.
El pecado no afecta sólo a la persona que lo comete, sino que su efecto puede ser social. Con esto queremos decir que, en virtud de la solidaridad humana, el pecado repercute en los demás. Así, si en un salón iluminado con un bombillo una persona lo rompe, tenemos que afirmar que aunque la falta la cometió esta sola per­sona, perjudicó a todo el grupo.

UNA FORMA DE PENSAR PELIGROSA
Con frecuencia, en épocas de decadencia de la sociedad, se impo­ne una concepción demasiado materialista de la vida, que oscu­rece la voz de la conciencia, de manera que se llega a afirmar, incluso, que el pecado y el mal no existen. Es una especie de adormilamiento, de deformación de la conciencia debido a la cual se oscurece también el sentido del pecado.
Pero, ¿a qué se debe esta crisis de la conciencia, del sentido del pecado y, en consecuencia, del sentido de Dios? Para responder estas preguntas la Iglesia nos habla del secularismo, un movi­miento de ideas y costumbres que no tiene en cuenta a Dios y que se concentra solamente en el culto del hacer y del producir, lo mismo que en el del consumo y el placer, sin preocuparse por la parte espiritual del hombre. La consecuencia de esta forma de pen­sar y de obrar, consiste en ver todo "tan natural" que el hombre termina por no reconocer jamás una falta. Es decir, se limita tanto la responsabilidad del hombre que termina por no reconocerle su libertad y, por lo tanto, la posibilidad de pecar.
Por este motivo es que se habla de la caída de los valores mora­les, íntimamente relacionada con la pérdida del sentido del peca­do, que no es otra cosa que una forma de negar a Dios. Debemos concluir que pecar no es sólo romper nuestras relaciones con Dios, sino vivir como si él no existiera. Por esto, restablecer el sentido del pecado es la primera manera de afrontar la crisis espiritual que nos afecta.


LA MISERICORDIA DE DIOS
Sin embargo, a pesar de esta pérdida del sentido del pecado, los hombres de hoy tienen necesidad de volver a escuchar la adver­tencia de San Juan: Si dijéramos que no tenemos pecado, nos enga­ñaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría en nosotros (1 Jn 1, 8). Además, no podemos olvidar nunca que la misericordia de Dios es infinita; o, como diría Juan Pablo II, que el amor de Dios es más poderoso que el pecado y más fuerte que la muerte. Por eso cuando nos damos cuenta de que el amor que Dios nos tiene no se detiene ante nuestros pecados o ante nuestro mismo olvido del pecado y por tanto de El, sino que, por el contrario, se hace más solícito y generoso, no tenemos más remedio que reconocer que ante nosotros se abre el camino de la misericordia de Dios que nos invita a la reconciliación.
San Pablo nos dice: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20). Pero para que la misericordia de Dios se haga presen­te en nuestra vida, debemos reconocer nuestros pecados, del mismo modo que un médico descubre la herida antes de curarla. Así Dios, mediante su palabra y su espíritu proyecta su poder y su misericordia sobre nosotros que somos sus hijos. Para terminar, escuchemos las palabras de San Agustín: Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.

ACTIVIDADES
1. Responde:
1.1. ¿Por qué afirmamos que el pecado es responsabilidad del que lo comete?
1.2. ¿El pecado afecta sólo a quien lo comete? ¿Por qué?
1.3. Algunas personas afirman que el pecado no existe, que es una invención de los sacerdotes. ¿Qué dice el cristianismo al respecto?
1.4. ¿Dios olvida a quien lo olvida? ¿Por qué?
2. Trabaja con la Biblia:
2.1. Busca en la Biblia dos pasajes del evangelio en los que se mencione el pecado.
2.2. Después de leerlos, escribe la idea de pecado que hayas entendido de esta lectura.
3. Investiga:
3.1. Te invitamos a leer los números 386 y 387 del Catecismo de la Iglesia Católica, a fin de que profundices un poco en el con­cepto de pecado.
3.2. Escribe en una frase la conclu­sión de tu lectura.
3.3. Algunas características del pecado
4. Observa el ejemplo y completa lo que se refiere a los demás pecados capitales y a tu compromiso como hijo de Dios.
PECADO
DEFINICIÓN
VIRTUD QUE SE LE OPONE
COMPROMISO
Soberbia
Pecado que consiste en sentirse superior a los demás.

Saludar a todas las personas aún a las que no me caen bien.
Avaricia



Ira



Gula



Envidia



Pereza



Humildad




5. Te invitamos a reflexionar sobre los siguientes aspectos:
5.1. Con frecuencia se oye decir: "perdono pero no olvido". ¿Te parece una forma cristiana de perdonar o más bien una forma refinada de resentimiento y de venganza? Razona tu res­puesta.
5.2. Es un hecho que nos cuesta perdonar a los demás porque nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos. ¿Eres de los que no se per­donan sus propios errores y fracasos y por eso se vuelven amargados y agresivos con­tra los demás o, por el contrario, sabes acep­tar tus equivocaciones y fracasos con serenidad y riéndote un poco de ti mismo?
5.3. ¿Qué sentimientos y qué exigencias debería provocar en ti el hecho de que Dios perdona y olvida tus pecados?