jueves, 19 de noviembre de 2015

HISTORIA DE VENEZUELA: 3. Contexto económico y social de 1830 y años siguientes.

Tema 3. Contexto económico y social de 1830 y años siguientes.

Actividades. Para realizar en el cuaderno
1. Responde:
a) ¿Cuáles fueron las principales consecuencias negativas de la guerra por medio de la cual Venezuela se independizó de España?
b) ¿Cuántos habitantes tenía Venezuela, cuando se separó de la Gran Colombia?
c) ¿Por qué el café desplazó al cacao como principal producto de exportación?
d) ¿Qué empresas controlaron las operaciones de comercio exterior luego de la ruptura con España?
e) ¿Qué impuestos eliminó o redujo el Gobierno de José Antonio Páez para estimular a los productores agropecuarios?

2. Escribe un breve ensayo para explicar por qué, a tu juicio, la falta de mano de obra y la disminución de los rebaños de ganado fueron causas del estancamiento de la producción agropecuaria en 1830 y los años sucesivos.

3. Explica con tus propias palabras por qué la Independencia no implicó un cambio en el modelo económico y social de Venezuela.

4. Elabora un mapa mental en el que expliques cuáles fueron las causas y las consecuencias de la crisis económica de 1840.

5. En equipos, deliberen acerca de por qué el Decreto de Haberes Militares de 1817, emitido por el Libertador Simón Bolívar, no logró cumplir su objetivo de convertir a los oficiales y soldados patriotas en pequeños propietarios de tierras. Elaboren conclusiones y con ellas realicen un debate con toda la clase. 

6. En equipos, investiguen sobre cuáles fueron las zonas más características de los cultivos de cacao y de café en la Venezuela de 1830 y los años siguientes. Representen los datos obtenidos en un mapa.


viernes, 15 de mayo de 2015

EL PECADO, SEGUNDA PARTE

EL PECADO DEL HOMBRE Y LA MISERICORDIA DE DIOS
¿QUE ES EL PECADO?
Los seres humanos permanentemente debemos elegir entre el bien y el mal, y para poder decidir qué es lo uno o lo otro, contamos con una voz que se llama la conciencia, la cual nos dice que un acto es malo y no debe hacerse (el mal) o, al contrario, que un acto es bueno y debe hacerse (el bien). Por esto lo hombres somos capa­ces de escoger entre el bien y el mal. De igual modo, cuando hemos obrado bien, tenemos una alegría y cuando hemos obrado mal tenemos una pena que se llama remordimiento.
Cuando, por ejemplo, dices una mentira, obras el mal, y es lo que se llama un pecado o una falta. Pero hay faltas que no son pecados, como cuando te equivocas en la solución de un problema o no estás concentrado. El pecado se da cuando la falta es voluntaria.
Es importante tener en cuenta que es más fácil hacer el mal que el bien. Dicho de otra forma, hacer el bien requiere esfuerzo de parte de nosotros. Pero cuando nos esforzamos por hacer el bien, igualmente es agradable la satisfacción. Al contrario, hacer el mal resulta fácil, por esto podemos decir que el pecado es el fruto de la pereza. Basta con dejarse llevar, con caer. Este atractivo que se experimenta por algo que es malo se llama tentación. Cuando cedemos a una tentación, o sea, cometemos una mala acción, se habla de caída, pues el pecado se parece a una caída.
La conciencia que nos habla sin cesar desde el fondo del corazón para decirnos dónde está el bien y dónde está el mal, no es otra cosa que la voz de Dios en nosotros. El pecado es una desobe­diencia a lo que Dios quiere de nosotros. En consecuencia, cuan­do pecamos, no nos lastimamos solamente a nosotros o a los demás, sino que también lastimamos a Dios. Por este motivo no es suficiente pedir perdón a aquellas personas que podamos haber ofendido; además hay que pedir perdón a Dios.

EL PECADO ES PERSONAL
El pecado es un acto voluntario que surge del mal uso de la liber­tad de la persona. Aunque es cierto que esta persona puede estar condicionada por circunstancias internas (tendencias o vicios) o externas (costumbres, ambiente), que en dado momento pueden atenuar su libertad y por tanto su responsabilidad. Sin embargo, no podemos ignorar que el hombre es libre, pues, de otro modo, esto supondría la negación de su dignidad y de su voluntad, y, por tanto, de su responsabilidad por los pecados que llegara a come­ter. Por eso en cada hombre no existe nada tan personal como el mérito de la virtud o la responsabilidad de la culpa.
El pecado no afecta sólo a la persona que lo comete, sino que su efecto puede ser social. Con esto queremos decir que, en virtud de la solidaridad humana, el pecado repercute en los demás. Así, si en un salón iluminado con un bombillo una persona lo rompe, tenemos que afirmar que aunque la falta la cometió esta sola per­sona, perjudicó a todo el grupo.

UNA FORMA DE PENSAR PELIGROSA
Con frecuencia, en épocas de decadencia de la sociedad, se impo­ne una concepción demasiado materialista de la vida, que oscu­rece la voz de la conciencia, de manera que se llega a afirmar, incluso, que el pecado y el mal no existen. Es una especie de adormilamiento, de deformación de la conciencia debido a la cual se oscurece también el sentido del pecado.
Pero, ¿a qué se debe esta crisis de la conciencia, del sentido del pecado y, en consecuencia, del sentido de Dios? Para responder estas preguntas la Iglesia nos habla del secularismo, un movi­miento de ideas y costumbres que no tiene en cuenta a Dios y que se concentra solamente en el culto del hacer y del producir, lo mismo que en el del consumo y el placer, sin preocuparse por la parte espiritual del hombre. La consecuencia de esta forma de pen­sar y de obrar, consiste en ver todo "tan natural" que el hombre termina por no reconocer jamás una falta. Es decir, se limita tanto la responsabilidad del hombre que termina por no reconocerle su libertad y, por lo tanto, la posibilidad de pecar.
Por este motivo es que se habla de la caída de los valores mora­les, íntimamente relacionada con la pérdida del sentido del peca­do, que no es otra cosa que una forma de negar a Dios. Debemos concluir que pecar no es sólo romper nuestras relaciones con Dios, sino vivir como si él no existiera. Por esto, restablecer el sentido del pecado es la primera manera de afrontar la crisis espiritual que nos afecta.


LA MISERICORDIA DE DIOS
Sin embargo, a pesar de esta pérdida del sentido del pecado, los hombres de hoy tienen necesidad de volver a escuchar la adver­tencia de San Juan: Si dijéramos que no tenemos pecado, nos enga­ñaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría en nosotros (1 Jn 1, 8). Además, no podemos olvidar nunca que la misericordia de Dios es infinita; o, como diría Juan Pablo II, que el amor de Dios es más poderoso que el pecado y más fuerte que la muerte. Por eso cuando nos damos cuenta de que el amor que Dios nos tiene no se detiene ante nuestros pecados o ante nuestro mismo olvido del pecado y por tanto de El, sino que, por el contrario, se hace más solícito y generoso, no tenemos más remedio que reconocer que ante nosotros se abre el camino de la misericordia de Dios que nos invita a la reconciliación.
San Pablo nos dice: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 20). Pero para que la misericordia de Dios se haga presen­te en nuestra vida, debemos reconocer nuestros pecados, del mismo modo que un médico descubre la herida antes de curarla. Así Dios, mediante su palabra y su espíritu proyecta su poder y su misericordia sobre nosotros que somos sus hijos. Para terminar, escuchemos las palabras de San Agustín: Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.

ACTIVIDADES
1. Responde:
1.1. ¿Por qué afirmamos que el pecado es responsabilidad del que lo comete?
1.2. ¿El pecado afecta sólo a quien lo comete? ¿Por qué?
1.3. Algunas personas afirman que el pecado no existe, que es una invención de los sacerdotes. ¿Qué dice el cristianismo al respecto?
1.4. ¿Dios olvida a quien lo olvida? ¿Por qué?
2. Trabaja con la Biblia:
2.1. Busca en la Biblia dos pasajes del evangelio en los que se mencione el pecado.
2.2. Después de leerlos, escribe la idea de pecado que hayas entendido de esta lectura.
3. Investiga:
3.1. Te invitamos a leer los números 386 y 387 del Catecismo de la Iglesia Católica, a fin de que profundices un poco en el con­cepto de pecado.
3.2. Escribe en una frase la conclu­sión de tu lectura.
3.3. Algunas características del pecado
4. Observa el ejemplo y completa lo que se refiere a los demás pecados capitales y a tu compromiso como hijo de Dios.
PECADO
DEFINICIÓN
VIRTUD QUE SE LE OPONE
COMPROMISO
Soberbia
Pecado que consiste en sentirse superior a los demás.

Saludar a todas las personas aún a las que no me caen bien.
Avaricia



Ira



Gula



Envidia



Pereza



Humildad




5. Te invitamos a reflexionar sobre los siguientes aspectos:
5.1. Con frecuencia se oye decir: "perdono pero no olvido". ¿Te parece una forma cristiana de perdonar o más bien una forma refinada de resentimiento y de venganza? Razona tu res­puesta.
5.2. Es un hecho que nos cuesta perdonar a los demás porque nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos. ¿Eres de los que no se per­donan sus propios errores y fracasos y por eso se vuelven amargados y agresivos con­tra los demás o, por el contrario, sabes acep­tar tus equivocaciones y fracasos con serenidad y riéndote un poco de ti mismo?
5.3. ¿Qué sentimientos y qué exigencias debería provocar en ti el hecho de que Dios perdona y olvida tus pecados?

martes, 7 de abril de 2015

LA IGLESIA, SEGUNDA PARTE

LOS ROSTROS DE LA IGLESIA
¿Qué es la Iglesia? ¿Quién la fundó? ¿Cuál es su misión?
En las siguientes páginas trataremos de dar respuesta a estas pregun­tas. Para ello, estudiaremos los diferentes nombres o rostros que tiene la iglesia.

El NACIMIENTO DE LA IGLESIA
Comencemos diciendo que la Iglesia fue fundada por el mismo Jesús. Al elegir a un grupo de personas, los apóstoles, para ense­ñarles su doctrina, Jesús fue preparando la aparición de la Iglesia.
Como todo grupo debe tener un líder o una cabeza, eligió a Pedro como jefe de los apóstoles con las siguientes palabras: "Pedro, tú eres piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", Mt 16, 15-18.

Después de su resurrección, Jesús se apareció a los discípulos y les ordenó predicar sus enseñanzas a todo el mundo y hacer discípu­los suyos con el bautismo (Mt 28, 19-20).
Posteriormente, Jesús completó la fundación de la Iglesia con el envío del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Desde ese momen­to, los apóstoles y sus sucesores han tenido la responsabilidad de evangelizar a los pueblos, es decir, de predicar el mensaje de Jesús a toda la humanidad y para lograrlo cuentan con la ayuda del Espíritu Santo.

DISTINTOS ROSTROS DE UNA MISMA REALIDAD
Cuando tú te refieres a una persona, puedes hacerlo de varias maneras: de acuerdo con su profesión (es arquitecta, abogado, médico...) o con su estado civil (es la mamá de fulanito y sutanito y está casada con...), o con sus cualidades físicas (es morena, alta, delgada...) o con sus características espirituales (es com­prensiva, paciente, tierna, inteligente...)

Lo mismo ocurre con la Iglesia: aunque es una misma realidad, podemos referirnos a ella de diferentes maneras, de acuerdo con el rasgo que queramos resaltar. A esas distintas formas de percibir y llamar a la Iglesia se les dice rostros de la Iglesia, por lo que nos muestran sus diferentes caras.

Estudiar estos rostros nos ayuda a comprender mejor la tarea y las características de la Iglesia. Veamos algunos.

LA IGLESIA, MADRE Y MAESTRA
Este rostro resalta la relación de la Iglesia con sus miembros.

Al igual que una madre, la Iglesia debe ser comprensiva, pacien­te y cariñosa con sus miembros. Pero no debe ser una madre alcahueta.

Por eso, a la vez debe ser maestra, puesto que tiene la obligación de enseñar en qué creemos, qué celebramos y, lo que es quizá más importante, cómo debemos vivir los cristianos.

LA IGLESIA, PUEBLO DE DIOS
Este rostro resalta el hecho de que la Iglesia somos los bautiza­dos. Durante mucho tiempo y hasta hace relativamente poco (hasta el Concilio Vaticano II), se puso énfasis en la pertenencia de los religiosos, los sacerdotes y los obispos a la Iglesia, hasta tal punto que se identificaba la Iglesia con la jerarquía eclesiástica. Este rostro de la Iglesia como pueblo de Dios, por el contrario, compara a la Iglesia con Israel, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, para recalcarnos que la misión de evangelizar y la tarea de hacer comunidad no es sólo asunto de "curas y monjas", sino de todos los que creemos en Jesús, pues todos somos el pue­blo de Dios.

Por otra parte, este rostro subraya que estamos en el mundo de manera provisional, como peregrinos que caminamos hacia la eternidad, así como el pueblo de Dios del Antiguo Testamento, estuvo caminando por el desierto hacia la tierra prometida. Por último, este rostro también nos recuerda que la Iglesia es la comu­nidad con la que Dios hace su nueva alianza o pacto, renovando la antigua alianza que había hecho con Israel.

LA IGLESIA, CUERPO DE CRISTO
Este rostro resalta la diversidad de tareas en la Iglesia.

En un equipo de fútbol, como en el cuerpo, cada miembro cum­ple una tarea determinada: hay arquero, defensas, medio campo y delanteros, que, aunque tengan tareas distintas, buscan una meta común: el gol. Además, para que todo funcione bien, es preciso que el equipo tenga un director técnico, que orienta a los juga­dores para que logren el triunfo, como la cabeza dirige al cuerpo.

En la Iglesia ocurre algo semejante, que subrayamos cuando lla­mamos a la Iglesia cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros es un miembro que debe cumplir una tarea determinada: unos somos lai­cos, otras son religiosas, otros sacerdotes y otros obispos, pero todos somos necesarios. Además, todos buscamos la misma meta: comunicarle al mundo el amor de Dios. Desde luego, también contamos con un líder: el Papa, quien comparte nuestra misión. Y nuestra cabeza es Jesús, que nos guía y orienta.

LA IGLESIA, SACRAMENTO DE SALVACIÓN
Este rostro resalta la misión de la Iglesia.

Un sacramento es un signo e instrumento de la acción de Dios. Por ejemplo, el bautismo es signo de que somos de Dios y, a la vez, es instrumento, pues por medio de él nos hacemos sus hijos. Así, la Iglesia es sacramento de salvación, pues a través del ejemplo, de la manera de vivir en comunidad y de la administración de los siete sacramentos, la Iglesia debe ser signo del mensaje que nos trajo Jesús y, a la vez, debe ser instrumento o camino efectivo para que creamos en él y participemos de la salvación.

ACTIVIDADES 3.
1. Completa el siguiente mapa conceptual:

2. En grupos de 4, busca en el Catecismo de la Iglesia católica (No. 782) y en la Biblia las características del pueblo de Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento y ela­bora una cartelera en la que compares los dos "pueblos de Dios".

3. Trabaja con la Biblia:
3.1. Lee los números 751 a 757 del Catecismo de la Iglesia Cató­lica y señala el símbolo de la Iglesia que más te guste.
3.2. Consulta los siguientes textos del Nuevo Testamento y poste­riormente señala a qué rostro de la Iglesia corresponde cada uno: Ef 1,22ss; 5, 22-32; 1 Cor 3, 9-16; Gal 4, 26-31.

4. Responde a las siguientes preguntas:
4.1. ¿Cuál sería tu aporte al curso, a fin de ayudar a construir verdadera comunidad de hermanos?
4.2. ¿Cuál sería tu aporte en tu familia, a fin de ayudar a construir verdadera comunidad de hermanos?
4.3. ¿Qué actitudes debes alejar de ti porque te impiden compartir cristianamente con los demás?

5. Construir comunidad es una tarea diaria, que exige mucha generosidad. Por eso, debemos hacer una sincera revisión de nuestras actitudes con los demás y, al mismo tiempo, debemos bus­car en nosotros todo aquello que pueda benefi­ciar a las otras personas. Ahora te presentamos una estrategia que te ayude a construir la Iglesia, compartiendo cristianamente con los demás.
5.1. Elabora un listado de tus cualidades, identifi­cando aquellas habilidades o dones que no poseen otras personas de tu curso.
5.2. Indica por escrito cómo poner al servicio de los demás esas cualidades.
5.3. Elabora, igualmente, un listado de tus limita­ciones e identifica las personas de tu curso o de tu familia que te pueden ayudar a superarlas.
5.4. Indica por escrito cómo te acercarías a esas personas que te pueden ayudar.

lunes, 29 de abril de 2013

EL VALOR DE LA VIDA, SEGUNDA PARTE


LA VIDA Y LA DIGNIDAD DEL HOMBRE
Lee y responde a la actividad sobre este articulo:

Todos los días escuchamos noticias que nos hablan de homicidios, aten­tados y secuestros. Esto nos indica que nuestra sociedad poco a poco ha ido perdiendo el sentido y el valor de la vida humana. Se ha llegado a menospreciar tanto la vida, que incluso algunas personas tienen como oficio el de matar a otras por una cantidad de dinero.

Frente a esta situación conviene preguntarse: ¿cuál es el valor de la vida? ¿Qué cosas atentan contra la vida? ¿En qué consiste la dignidad del hombre?

Las respuestas a estas preguntas las encontramos en el siguiente análi­sis que recoge el pensamiento cristiano respecto al valor de la vida y a la dignidad del hombre.

DIOS ES LA FUENTE DE TODA VIDA
La Biblia, desde su primera página hasta la última, es un canto constante a la vida.

En el Antiguo Testamento, la vida humana es considerada como un regalo de Dios, como la obra más perfecta de la creación.

El libro del Génesis, por ejemplo, comienza con el relato de la creación de la materia que fue sacada de la nada gracias a una intervención directa de Dios, quien además comunicó a los vege­tales y a los animales un principio de vida para que germinaran y se reprodujeran. De igual modo tomó la iniciativa de formar al hombre como ser vivo: "Entonces el Señor Dios modeló al hombre en arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida y el hombre se con­virtió en ser vivo". Gn 2, 7.

Dios es el origen de la vida y el único dueño de ella. Dios nos da la vida a los hombres para que hagamos un uso adecuado de ella. El hombre, por tanto, debe cuidar y amar la vida, de modo que la sociedad y los que la componemos no sólo mantengamos física­mente esa vida, sino también su dignidad.

LA DIGNIDAD DEL HOMBRE
La existencia del hombre se encuentra en un grado superior al de los demás seres vivos. Esto se debe a que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y a que Dios le dio el poder sobre todo lo que existe. Por esto leemos en la Biblia: "Entonces dijo Dios: ahora hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. El tendrá poder sobre los peces, las aves, los animales domésticos y los salvajes y sobre los que se arrastran por el suelo". Gn 1, 26.

Es decir, la razón de ser de la creación era el hombre; todo lo crea­do por Dios tenía un único y principal destinatario: el género humano.

De todas las criaturas visibles sólo el hombre es capaz de cono­cerse, de entregarse libremente. Además es el único llamado a hacer una alianza con su creador y a darle una respuesta de fe y de amor.

EL RESPETO A LA VIDA
Desde los inicios de la humanidad el hombre comenzó a agredir y a matar a sus semejantes. El caso de Caín, que quitó la vida a su hermano Abel, se viene repitiendo incesantemente a lo largo de toda la historia.

Pero no siempre es así. Mientras que unos hombres están dis­puestos a matar a los demás, otros trabajan por defender la vida.

Frente a la actitud de desprecio por la vida, la humanidad ha ido descubriendo el valor supremo y la dignidad que posee la vida humana. Se elaboran leyes, se firman pactos, se hacen declara­ciones y se fundan instituciones en defensa del hombre y de la vida.

El compromiso con la vida se ha de entender en sentido positivo. Es decir, no basta con "no matar", sino que es necesario respetar y defender los derechos fundamentales del ser humano, ya que ninguna persona tiene derecho a disponer de la vida de los demás ni de la vida propia.

En este mismo sentido estamos obligados a promover las condi­ciones de salud, a prevenir las enfermedades, a elaborar programas contra el hambre, entre otros.

ATENTADOS CONTRA LA VIDA AJENA
Cuando una persona le quita la vida a otro ser humano, se dice que ha incurrido en homicidio. Puede ser que el homicidio se pro­duzca de manera involuntaria, por ejemplo, en un accidente de tránsito; también puede que se produzca de manera voluntaria, como cuando una persona dispara a otra intencionalmente.

Todo homicidio voluntario es un gravísimo delito no sólo contra el hombre sino contra Dios. Hay dos casos especiales de homici­dio condenados por la Iglesia: la eutanasia y el aborto.

La eutanasia, consiste en provocar una muerte sin dolor al enfermo desahuciado. Se dice que es pasiva, cuando el enfer­mo muere porque no se le prolonga la vida artificialmente y que es activa cuando se aplican medios o técnicas para terminar con la vida intencionalmente. Esta última práctica no es aceptada por la Iglesia, aun cuando el mismo enfermo lo pida, pues se le está quitando la vida a una persona que normalmente no puede defenderse y es atacada por las mismas personas que deberían ser las primeras en defenderla.

El aborto, consiste en cortar la vida del feto antes de su naci­miento natural. Con respecto a esto, la Iglesia proclama que la muerte del inocente, aunque sea en el seno de la madre, es un grave pecado. Por tanto, carecen de valor aquellas teorías que defienden el aborto basándose en el derecho de la mujer a dis­poner de su cuerpo o en la inconveniencia -social que un naci­miento no deseado pueda traer.

ACTIVIDAD 5.1.
1. Responde:
1.1. ¿Por qué se dice que Dios es la fuente de toda vida?
1.2. ¿En qué consiste la dignidad del hombre?
1.3. ¿Cómo ha evolucionado el respeto a la vida en la historia?
1.4. ¿Cuáles son los atentados contra la vida ajena? Explica brevemente.

2. Investiga y completa el siguiente cuadro.
HECHO O SITUACIÓN
LO QUE DICE LA IGLESIA AL RESPECTO
La vida
• La vida es don de Dios.
• Dios es la fuente de toda vida.
Dignidad humana

Respeto a la vida

La eutanasia

El aborto

La esterilización

Inseminación artificial


3. A través de recortes de periódico, escribe dos ejemplos de cada uno de los atentados contra la vida.

4. En la vida escolar es frecuente que algunas personas o grupos atenten, a veces sin ser conscientes, contra la dignidad de los demás. Por ejemplo, cuando se menosprecia a un compañero o se le agrede físicamente. En tales circunstancias, tú:
4.1. ¿Te pronuncias en contra de los autores de tales hechos o, por el contrario, te muestras indiferente? Explica.

martes, 2 de abril de 2013

EL SENTIDO DE LA VIDA, SEGUNDA PARTE...


LOS SENTIDOS DE LA VIDA
En el tema anterior estudiamos las condiciones que se requieren para hacer un uso adecuado de nuestra libertad y concluimos que una elec­ción libre y responsable es aquella que busca el bien. En este tema analizaremos las diversas alternativas que nos ofrece el mundo y cuál es el sentido que los cristianos debemos dar a nuestra vida.

TODO LO QUE HACEMOS TIENE SENTÍDO
Frecuentemente escuchamos decir: "Esto no tiene sentido". Cuando hacemos esta afirmación es porque no vemos claro el orden ni la dirección de lo que hacemos. Por ejemplo, cuando decimos: "estudiar no tiene sentido", es porque creemos que estu­diar no es un objetivo para nosotros y no vemos claro a dónde nos va a llevar.

Por esta razón, cuando hablamos del sentido de algo, estamos ha­ciendo referencia al rumbo que lleva y al objetivo que persigue. En últimas, hablar del sentido de la vida es hablar de su razón de ser.

Todas las cosas que realizamos a diario tienen una razón de ser, y por el hecho de que no veamos inmediatamente la dirección o sen­tido de alguna de ellas, no debemos decir que no tienen sentido.

LOS SENTIDOS QUE OFRECE EL MUNDO
Al observar con detenimiento los caminos o sentidos que nos ofre­ce el mundo para la vida, nos daremos cuenta de que son muchos y de diversa índole. Sin embargo, la mayoría de ellos tiene un obje­tivo común: el bienestar material y el dinero, como expresiones principales de la felicidad. Pero también, al margen del interés per­sonal, con alguna frecuencia se desarrollan movimientos de per­sonas que buscan ayudar a los demás, servir sin esperar otra recompensa que el gusto o placer de ayudar. A esta actitud se le da el nombre de altruismo no trascendente.

Por otra parte, cada uno de nosotros busca darle sentido a su vida y por eso se pone como meta obtener éxito personal y social. Por este motivo todo lo que hacemos, como estudiar, practicar un deporte o trabajar, tiene sentido, en la medida que nos conduce hacia la meta que nos hemos propuesto. Por ejemplo, cuando la meta que se propone alguno de nosotros es llegar a ser un buen músico, enfocará su actividad y mucho de su tiempo libre a ejer­citarse en el estudio y la práctica de algún instrumento musical.

Pese a todo, es un hecho que en el mundo en que vivimos las per­sonas buscan el éxito de dos maneras: con honestidad o con des­honestidad. Las personas que buscan el éxito con honestidad, se esfuerzan y se preparan respetando a los demás y a las leyes socia­les. Por el contrario, las personas que buscan el éxito con desho­nestidad, no tienen en cuenta a los demás ni a las leyes sociales, sino que buscan su propio bienestar a cualquier precio. Para estas personas la falsedad, el engaño y la mentira tienen sentido, pues lo que les interesa es triunfar a toda costa.

EL SENTIDO CRISTIANO DE LA VIDA
Probablemente tengas conocimiento de algunos profesionales de diversas especialidades, como médicos, abogados, ingenieros, entre otros, que en el ejercicio de su profesión procuran poner en práctica el Evangelio, sirviendo a los demás.

Lo anterior nos indica que los cristianos, al igual que todas las per­sonas, buscamos también el éxito personal, pero, a diferencia de muchos, procuramos igualmente promover la realización de los demás.

Por este motivo, el hecho de ayudar al progreso de otras personas, de poderles servir y de ser solidarios con ellas tiene para nosotros mucho sentido, pues lo que hacemos busca nuestra propia reali­zación y la de los demás.

Jesús nos enseñó que el verdadero sentido de nuestra vida es el amor cuando dijo: "Les doy un mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros. Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos". Jn 13, 34-35.

NUESTRO SENTIDO MÁXIMO ES ALCANZAR LA VIDA ETERNA
Los cristianos tenemos la obligación de realizarnos como perso­nas y de ayudar a los demás a que también lo hagan. Pero nuestra meta final no se encuentra únicamente en los logros humanos que mencionábamos antes, sino que va más allá: queremos contem­plar a Dios en todos nuestros actos y ser felices siempre, incluso después de la muerte. Por eso decimos que el sentido cristiano de la vida es trascendente, pues no se acaba con la muerte.

El verdadero sentido de nuestra existencia está entonces, en hacer el bien que podamos sea cual sea la circunstancia y el tiem­po en que nos toque vivir y luego, disfrutar plenamente en la vida eterna. Pero, para entrar en esta vida eterna, hay que esforzarse. Jesús exige que nuestras acciones sirvan para mejorar la vida de los demás:

"Dirá el Rey (...): 'Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer;
tuve sed y ustedes me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento. Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron, estuve enfermo y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme'.
Entonces los justos preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos con ham­bre y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos?' (...)

El Rey les contestará: 'Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron'. Mt 25, 34-40.


ACTIVIDAD 2.3.
1. Arma las frases verdaderas y explica el sentido de cada una de ellas.
1.1. Cuando hablamos del sentido de una cosa hacemos referencia a…

1.4

a. por mí mismo lo hicieron. Mt 25, 34-40.





1.2. La felicidad, para el mundo, tiene sentido cuando logramos…



b. alcanzar la vida eterna.





1.3. La vida tiene sentido para los cristianos cuando logramos…



c. promover también la realización de los demás.





1.4. Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes…



d. el rumbo o camino que lleva y el objetivo que persigue.





1.5. El sentido máximo de la vida para los cristianos…



e. prestigio, dinero y comodidad.

2. Es posible que en estos momentos hayas pensado en algunas profesiones que te gustaría estudiar. Escoge la que más te llame la atención y completa el siguiente cuadro:

PROFESIÓN
LA PUEDO EJERCER CRISTIANAMENTE SI...



3. Trabaja en grupo:
3.1. Reúnete en grupos de 3 compa­ñeros y elabora una cartelera sobre los sentidos de vida que ofrece el mundo.
3.2. Escribe las conclusiones del tra­bajo realizado.

4. Responde:
4.1. ¿Con qué actitudes de vida podemos hacer realidad el amor?
4.2. ¿Por qué decimos que el ver­dadero sentido de la vida es el amor?

lunes, 15 de octubre de 2012

TODOS DECIDIMOS. SEGUNDA PARTE

Lee el siguiente tema y responde a la actividad 1.3:

¿DECIDO O DECIDEN POR MÍ?
¿Que es libertad? ¿Cómo podemos hacer un uso adecuado de nuestra libertad? En el siguiente tema te invitamos a reflexionar sobre estas preguntas.

SOMOS LIBRES PARA ACTUAR
Habrás notado que todos los días y a cada instante, tenemos la posibilidad o la necesidad de decidir sobre lo que vamos a hacer. Pues bien, a esa posibilidad se le conoce con el nombre de liber­tad y al acto de escoger se le denomina decisión.
En general usamos nuestra libertad para decidir si actuamos o no y en últimas, así las demás personas nos aconsejen, la decisión siempre es nuestra.

LA LIBERTAD Y LA RESPONSABILIDAD
Cuando en ocasiones reconocemos que nos equivocamos y lo aceptamos sinceramente, podemos afirmar que estamos asumien­do nuestra responsabilidad. Pero cuando no tenemos el valor de asumirla y la negamos con mentiras, estamos actuando irrespon­sablemente.
Por este motivo es importante que aprendamos a asumir la res­ponsabilidad de nuestros actos ya que es un requisito fundamen­tal si queremos vivir a plenitud nuestra libertad.

LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD
El hecho de ser libres para actuar no quiere decir que podamos hacer lo primero que se nos ocurra. Esto se debe a que todo lo que hacemos nos afecta personalmente y también a quienes nos ro­dean. Por eso se dice que nuestra libertad tiene límites respecto de nosotros mismos y de los demás.
Respecto de nosotros mismos: nuestra libertad está limitada por nuestra condición humana, es decir, podemos hacer única­mente lo que nuestras condiciones físicas nos permiten. Por ejemplo, no podemos respirar bajo el agua.
Por otra parte, nuestra dignidad humana nos indica que debe­mos comportarnos con dignidad. Por ejemplo, consumir droga no nos hace más libres; al contrario, nos esclaviza.
Respecto de los demás: nuestra libertad está limitada por el res­peto a la libertad de los demás. Si en algún momento nuestros actos impiden que los demás ejerzan su libertad, la nuestra se convierte en libertinaje. Por ejemplo cuando hacemos ruido y obstaculizamos el estudio de nuestros compañeros.
Para el cristiano, es tan importante la libertad personal como la libertad comunitaria. Las otras personas necesitan ser libres, y para lograrlo, todos debemos colaborar siendo solidarios, servi­ciales y buscando la paz.

PUEDO DECIDIR POR MÍ
Hemos visto cómo nuestras decisiones tienen consecuencias. Sin embargo, muchas veces no pensamos en las consecuencias de lo que vamos a hacer; simplemente actuamos.
En ocasiones puede ser que actuemos bien, pero muchas veces las cosas que hacemos sin pensar nos conducen al error. Por este moti­vo es importante que analicemos muy bien cada cosa que vaya­mos a hacer para no incurrir en errores, pues recordemos que siempre debemos responder por nuestros actos.

REQUISITOS PARA HACER UNA BUENA ELECCIÓN
De acuerdo con lo anterior nos preguntamos: ¿Qué debemos hacer para utilizar adecuadamente nuestra libertad y no caer en el error? Los pasos que proponemos a continuación pueden ayu­darnos a encontrar la respuesta adecuada a esta pregunta. Estos son:

La motivación, entendida como una situación que nos plantea la posibilidad de hacer una u otra cosa. Por ejemplo, cuando tenemos la ocasión de ir a una fiesta o a un partido de fútbol.
Existen dos tipos de motivaciones: las que provienen de noso­tros mismos, como por ejemplo cuando queremos ser el mejor estudiante del curso; y las que provienen del medio en el que nos encontramos, por ejemplo, el deseo de comprar una cha­queta porque está de moda.

La reflexión, comprendida como el momento de pensar sobre el tipo de motivación que poseemos y de reflexionar si esa moti­vación es buena o mala. En efecto, así como podemos sentir el deseo de ayudar a un amigo, puede suceder también que, en oca­siones, experimentemos el deseo de agredir a alguien. Es por esto que debemos pensar muy bien en lo que vamos a hacer a fin de tomar la decisión correcta.


La elección consiste en escoger lo que vamos a hacer. Como es de suponer, si hemos reflexionado sobre las consecuencias de lo que queremos realizar, con seguridad elegiremos el bien y evi­taremos el mal.
La elección debe ser libre y personal, es decir, que nada ni nadie nos obligue a actuar. Si la elección no es libre y son los demás quienes deciden por nosotros, se dice que estamos actuando por coacción.
Por este motivo es importante que al decidir seamos entera­mente libres y dueños de nosotros mismos.

La acción, que consiste, en actuar conforme a la decisión toma­da.

• Una vez que hemos actuado, debemos responder por eso que hicimos, es decir, debemos dar cuenta de lo que hacemos. Por eso se dice que somos responsables de nuestros actos.

¡Esta es la más hermosa de las verdades: que te pueden aplastar las libertades exteriores, pero nadie es capaz de encadenar un alma decidida a ser libre! Te pueden quitar el pan, no los sueños; el dinero, no la esperanza ni el coraje. Pueden hacerte la vida cuesta arriba, pero nadie impedirá que, al final de la cuesta, hayas subido.


ACTIVIDAD 1.3.
1. Completa el siguiente mapa conceptual.



2. Responde las siguientes cuestiones:
2.1. En tus labores y ocupaciones diarias, como son estudio, vida familiar, grupo de amigos... ¿Te responsabilizas y los tomas en serio?, o, ¿te desentiendes de ellos con facilidad?
2.2. ¿Haz hecho algún esfuerzo para adquirir una madurez humana y cristiana en tu modo de pensar, de reaccionar y de obrar? Explica tus respuestas.

3. Reflexiona:
3.1. Analiza la siguiente frase de Jesús: "Conocerán la verdad y la verdad los hará libres" Jn 8, 32.
3.2. ¿Qué cosas nos exige el hecho de ser responsables?
3.3. ¿Qué aspectos debemos tener en cuenta para hacer una buena elección?



4. El tema de la libertad ha apasionado a nume­rosos pensadores desde hace cientos de años. Sin embargo, al margen de los diferentes e inte­resantes planteamientos sobre el tema, en este punto lo que interesa es tu actitud frente a la libertad, el cómo entiendes y cómo vives tu libertad en la vida cotidiana. Por eso responde:
4.1. ¿Te consideras una persona libre? ¿Por qué?
4.2. ¿Consideras que el mensaje de la Sagrada Escritura aporta elementos que te ayuden a comprender el verdadero sentido de la libertad cristiana? Explica tu respuesta.
4.3. Haz un listado de tus principales actividades semanales y luego señala cuáles de ellas con­sideras que realizas libremente. Explica por qué.
4.4. De igual modo explica por qué consideras que algunas de estas actividades perjudican tu liber­tad y qué podrías hacer para evitarlo.

5. Realiza en el cuaderno tu propia oración, tomando como modelo la de Javier Galeano.

Libertad en Cristo
Me siento solo, esclavo de mí mismo,
prisionero de mi capricho, no oigo más que su voz.
Sólo me veo a mí, tras dé mí, no hay más que egoísmo.

Líbrame, Señor, de mi cuerpo: es un montón de hambres.
Todo lo que toco con mis manos lo estropeo.
Sólo intento apagar mis apetitos.

Líbrame, Señor, de mi corazón: está hinchado de amor falso,
porque aun cuando creo que amo locamente,
acabo descubriendo que me amo solamente a mí a través del otro.

Líbrame, Señor, de mi inteligencia; está llena de mí mismo,
de mis ideas, de mis opiniones.
No sé dialogar con nadie,
no me llenan más razones ni palabras que las mías.
Y yo solo me aburro, me esclavizo, me detesto, me canso,
desde que empecé a dar vueltas como el enfermo en su lecho.

Señor, ¿me oyes?:
Enséñame una puerta para poder salir,
un camino para poder andar seguro,
una luz que alumbre mi sendero,
una ruta que me haga libre de todo y de todos, menos de Ti.
Javier Galeano