LOS ROSTROS DE LA IGLESIA
¿Qué es la Iglesia? ¿Quién la fundó? ¿Cuál es su
misión?
En las siguientes páginas trataremos de dar
respuesta a estas preguntas. Para ello, estudiaremos los diferentes nombres o
rostros que tiene la iglesia.
El
NACIMIENTO DE LA IGLESIA
Comencemos
diciendo que la Iglesia fue fundada por el mismo Jesús. Al elegir a un grupo de
personas, los apóstoles, para enseñarles su doctrina, Jesús fue preparando la
aparición de la Iglesia.
Como todo grupo debe tener un líder o una cabeza, eligió a Pedro como
jefe de los apóstoles con las siguientes palabras: "Pedro, tú eres
piedra y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia", Mt 16, 15-18.
Después de su
resurrección, Jesús se apareció a los discípulos y les ordenó predicar sus
enseñanzas a todo el mundo y hacer discípulos suyos con el bautismo (Mt 28,
19-20).
Posteriormente,
Jesús completó la fundación de la Iglesia con el envío del Espíritu Santo el
día de Pentecostés. Desde ese momento, los apóstoles y sus sucesores han
tenido la responsabilidad de evangelizar a los pueblos, es decir, de predicar
el mensaje de Jesús a toda la humanidad y para lograrlo cuentan con la ayuda
del Espíritu Santo.
DISTINTOS
ROSTROS DE UNA MISMA REALIDAD
Cuando tú te
refieres a una persona, puedes hacerlo de varias maneras: de acuerdo con su
profesión (es arquitecta, abogado, médico...) o con su estado civil (es la mamá
de fulanito y sutanito y está casada con...), o con sus cualidades físicas (es
morena, alta, delgada...) o con sus características espirituales (es comprensiva,
paciente, tierna, inteligente...)
Lo mismo
ocurre con la Iglesia: aunque es una misma realidad, podemos referirnos a ella
de diferentes maneras, de acuerdo con el rasgo que queramos resaltar. A esas
distintas formas de percibir y llamar a la Iglesia se les dice rostros de la
Iglesia, por lo que nos muestran sus diferentes caras.
Estudiar estos
rostros nos ayuda a comprender mejor la tarea y las características de la
Iglesia. Veamos algunos.
LA IGLESIA,
MADRE Y MAESTRA
Este rostro
resalta la relación de la Iglesia con sus miembros.
Al igual que
una madre, la Iglesia debe ser comprensiva, paciente y cariñosa con sus
miembros. Pero no debe ser una madre alcahueta.
Por eso, a la
vez debe ser maestra, puesto que tiene la obligación de enseñar en qué creemos,
qué celebramos y, lo que es quizá más importante, cómo debemos vivir los
cristianos.
LA IGLESIA,
PUEBLO DE DIOS
Este rostro
resalta el hecho de que la Iglesia somos los bautizados. Durante mucho tiempo
y hasta hace relativamente poco (hasta el Concilio Vaticano II), se puso
énfasis en la pertenencia de los religiosos, los sacerdotes y los obispos a la
Iglesia, hasta tal punto que se identificaba la Iglesia con la jerarquía
eclesiástica. Este rostro de la Iglesia como pueblo de Dios, por el contrario,
compara a la Iglesia con Israel, el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento,
para recalcarnos que la misión de evangelizar y la tarea de hacer comunidad no
es sólo asunto de "curas y monjas", sino de todos los que creemos en
Jesús, pues todos somos el pueblo de Dios.
Por otra
parte, este rostro subraya que estamos en el mundo de manera provisional, como
peregrinos que caminamos hacia la eternidad, así como el pueblo de Dios del
Antiguo Testamento, estuvo caminando por el desierto hacia la tierra prometida.
Por último, este rostro también nos recuerda que la Iglesia es la comunidad
con la que Dios hace su nueva alianza o pacto, renovando la antigua alianza que
había hecho con Israel.
LA IGLESIA,
CUERPO DE CRISTO
Este rostro
resalta la diversidad de tareas en la Iglesia.
En un equipo
de fútbol, como en el cuerpo, cada miembro cumple una tarea determinada: hay
arquero, defensas, medio campo y delanteros, que, aunque tengan tareas
distintas, buscan una meta común: el gol. Además, para que todo funcione bien,
es preciso que el equipo tenga un director técnico, que orienta a los jugadores
para que logren el triunfo, como la cabeza dirige al cuerpo.
En la Iglesia
ocurre algo semejante, que subrayamos cuando llamamos a la Iglesia cuerpo de
Cristo. Cada uno de nosotros es un miembro que debe cumplir una tarea
determinada: unos somos laicos, otras son religiosas, otros sacerdotes y otros
obispos, pero todos somos necesarios. Además, todos buscamos la misma meta: comunicarle
al mundo el amor de Dios. Desde luego, también contamos con un líder: el Papa,
quien comparte nuestra misión. Y nuestra cabeza es Jesús, que nos guía y
orienta.
LA IGLESIA,
SACRAMENTO DE SALVACIÓN
Este rostro
resalta la misión de la Iglesia.
Un sacramento
es un signo e instrumento de la acción de Dios. Por ejemplo, el bautismo es
signo de que somos de Dios y, a la vez, es instrumento, pues por medio de él
nos hacemos sus hijos. Así, la Iglesia es sacramento de salvación, pues a
través del ejemplo, de la manera de vivir en comunidad y de la administración
de los siete sacramentos, la Iglesia debe ser signo del mensaje que nos trajo
Jesús y, a la vez, debe ser instrumento o camino efectivo para que creamos en
él y participemos de la salvación.
ACTIVIDADES 3.
1. Completa el
siguiente mapa conceptual:
2. En grupos de 4, busca en el Catecismo de la Iglesia católica (No. 782) y en
la Biblia las características del pueblo de Dios en el Antiguo y en el Nuevo
Testamento y elabora una cartelera en la que compares los dos "pueblos de
Dios".
3. Trabaja con la Biblia:
3.1. Lee los
números 751 a 757 del Catecismo de la Iglesia Católica y señala el
símbolo de la Iglesia que más te guste.
3.2. Consulta
los siguientes textos del Nuevo Testamento y posteriormente señala a qué
rostro de la Iglesia corresponde cada uno: Ef 1,22ss; 5, 22-32; 1 Cor 3, 9-16; Gal 4, 26-31.
4. Responde a las siguientes preguntas:
4.1. ¿Cuál
sería tu aporte al curso, a fin de ayudar a construir verdadera comunidad de
hermanos?
4.2. ¿Cuál
sería tu aporte en tu familia, a fin de ayudar a construir verdadera comunidad
de hermanos?
4.3. ¿Qué
actitudes debes alejar de ti porque te impiden compartir cristianamente con los
demás?
5. Construir comunidad es una tarea diaria,
que exige mucha generosidad. Por eso, debemos hacer una sincera revisión de
nuestras actitudes con los demás y, al mismo tiempo, debemos buscar en
nosotros todo aquello que pueda beneficiar a las otras personas. Ahora te
presentamos una estrategia que te ayude a construir la Iglesia, compartiendo
cristianamente con los demás.
5.1. Elabora
un listado de tus cualidades, identificando aquellas habilidades o dones que
no poseen otras personas de tu curso.
5.2. Indica
por escrito cómo poner al servicio de los demás esas cualidades.
5.3. Elabora,
igualmente, un listado de tus limitaciones e identifica las personas de tu
curso o de tu familia que te pueden ayudar a superarlas.
5.4. Indica
por escrito cómo te acercarías a esas personas que te pueden ayudar.
